Tu sabiduría no tiene nada que ver con tu inteligencia. Tampoco está relacionada con la cantidad ni la calidad de la información que manejas.

Nadie puede darte sabiduría. Nadie tiene más (ni menos) sabiduría que tú.

Tu sabiduría te acompaña desde que naciste porque no forma parte de lo que sabes, sino de lo que eres.

Tu sabiduría aparece como el destello de claridad que te permite saber exactamente qué hacer frente a una situación difícil.

Es la comprensión repentina que te muestra una solución simple y evidente a algo que te había estado preocupando.

Es la intuición que atraviesa el ruido de tu mente y te dice cuál es la mejor opción para ti cuando realmente necesitas decidir.

Es el sentido común que te permite ver con claridad lo que puedes hacer o dejar de hacer para estar bien.

No puedes adquirir sabiduría, pero puedes aprender a escucharla cada vez más.

Lo que sabes se expresa como discurso mental. Tu sabiduría reside en el silencio de lo que eres.

Escucha el silencio, tiene mucho que decirte.

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