¿Te has encontrado alguna vez tratando de elegir entre dos voces en tu cabeza?

Es la clásica imagen del ángel y el demonio, uno en cada hombro.

La voz “buena” y la voz ”mala”. Y tú en medio, teniendo que escoger.

Pero eso es una imagen simplista.

De hecho, lo habitual es que la cosa se parezca más a un coro de voces y que no sepas ni siquiera cuál se supone que es la buena.

Porque esa es la idea, ¿no? Que hay alguna que es la buena o, al menos, la mejor. Alguna a la que puedas hacer caso, que te cuente algo real acerca de ti, que te saque del atolladero en el que te encuentras… Si solo supieras en cuál confiar se acabaría el problema. O eso parece.

Pero, como siempre, la imaginada solución esconde en realidad el verdadero problema.

Por un lado, este planteamiento lleva implícito el miedo al error y perpetúa la sensación de necesidad, agobio e incertidumbre. Por otro, te distrae de la verdadera razón de la frustración y la inseguridad.

Lo que realmente buscas cuando te encuentras en esta situación es un punto de apoyo estable en el que puedas confiar. Es decir, buscas la verdad.

Y ahí radica precisamente la cuestión fundamental.

Los pensamientos, las palabras y las historias, las proyecciones de futuro y las imágenes del pasado, todo el contenido de las voces… Todo ello son objetos que aparecen y desaparecen en ti, en la conciencia que eres (y no en tu cabeza, por cierto). Son todo fenómenos inestables, efímeros y limitados. Ninguno de ellos es la verdad que anhelas.

Por eso cuando buscas en cuál de ellos puedes confiar, el miedo y la inseguridad te recuerdan que estás buscando verdad y seguridad donde no puedes hallarlas.

Tu saber innato toma forma de miedo e inseguridad para recordarte que si confías en los objetos, por definición limitados y transitorios, éstos siempre te van a traicionar.

El deseo de seguridad es en realidad un anhelo de reconocer y habitar de nuevo aquello siempre presente, pleno e ilimitado.

Es este reconocimiento el que disuelve la necesidad de falsas soluciones, rompe la hipnosis de los objetos y te libera de sus promesas ilusorias.

En momentos de duda, pues, vuelve a lo permanente, a lo eterno e ilimitado. Confía en aquello que está completo y pleno, aquello que no carece ni puede ser mejorado o dañado. Confía en ti.

¿Quieres estar al día?

Únete a mi lista de correo para recibir mis artículos y novedades.

Suscripción confirmada. ¡Gracias!

Share This