No te creas nada de lo que voy a decirte…

Si tienes algo de experiencia en el mundo del desarrollo personal o la espiritualidad, probablemente habrás oído algo parecido al principio de numerosas charlas, seminarios y cursos.

En el mejor de los casos lo que realmente te están diciendo es algo como: “No adoptes mis creencias porque lo diga yo, comprueba antes por ti mism@ si te sirven”.

Y en su peor versión, se trata simplemente de una vieja técnica de manipulación para que bajes tus defensas y hagas precisamente lo contrario: creerte lo que te dicen y comprar lo que venden.

Pero en el fondo no importa si se trata de una cosa o la otra, puesto que lo que está en oferta es siempre lo mismo: creencias. Modelos de pensamiento, de conducta, de gestión emocional, de funcionamiento de la mente, de consecución de objetivos, de sanación de heridas emocionales y un largo etcétera. Conjuntos de creencias de todos los tamaños, formas, colores y sabores, más o menos bien empaquetadas y listas para el uso y disfrute del consumidor.

La verdad sin embargo es que ningún conjunto de creencias te va a proporcionar lo que te llevó a esa charla o curso, o lo que te llevó realmente a iniciar la búsqueda. No importa si tiene un aspecto más o menos trascendente o espiritual, ninguna creencia puede hacerte más feliz, ni ningún modelo de la realidad te traerá satisfacción duradera.

De hecho cualquier creencia, positiva o no, acaba perpetuando la frustración de la que prometía liberarte.

La razón es que toda creencia es por definición falsa y limitante. Una creencia es un concepto, una abstracción que ha sido confundida por la realidad y se convierte en un pobre sustituto de ésta.

La verdad es simple: si buscas felicidad, paz y satisfacción, lo que estás buscando es la realidad de lo que eres ahora (y siempre). Y eso nunca lo vas a encontrar en los mercadillos de creencias, ideas, modelos y procesos.

Si realmente quieres encontrar lo que buscas, pon en pausa el tráfico de creencias y empieza a investigar directamente tu verdadera naturaleza. Para ello es necesario redirigir la búsqueda hacia la experiencia directa e inmediata de ser, observando el corazón de este momento con la mirada desnuda de modelos e interpretaciones.

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