Hay emociones que cuando aparecen en tu cuerpo encuentran un trato cálido y un entorno acogedor.

Emociones bienvenidas, a las que recibes con los brazos abiertos.

Son estados emocionales que te apena ver marchar, que tratas de conseguir y retener.

Son los huéspedes queridos, privilegiados.

Pero hay otros que no tienen tanta suerte.

Son esas emociones que aprendiste que “no deberías tener”, aquellas que juzgas en los demás en la medida en que las juzgas en ti.

Emociones que quizás te gustaría ver abolidas, desterradas para siempre de ti.

Emociones que rechazas, intentas alejar o incluso desprecias.

Son aquellas contra las que libras una batalla que no tiene vencedores, que no es más que maltrato emocional autoinfligido.

Todas tus emociones forman parte de ti y necesitan ser permitidas y escuchadas.

¿Puedes convertirte en un refugio seguro para todos tus estados emocionales?

¿Cómo sería darle un abrazo a esa emoción que llevas tanto tiempo rechazando o tratando de ignorar?

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