¿La solución?

Dejar de creer que un bando es bueno y el otro malo.

Despertar de la hipnosis de que tienes que tomar partido por un lado de la ignorancia.

Reconocer que luchar para conseguir la paz es siempre luchar para perpetuar la violencia y el enfrentamiento.

Reconocer que tus creencias, tus opiniones y tus respuestas emocionales no son elegidas, son solo un reflejo del condicionamiento al que se te ha sometido (y al que se te sigue sometiendo).

Descubrir que la paz que deseas nunca está al final de un proceso de división, conflicto y sufrimiento.

Ser, en definitiva, una expresión cada vez más clara, ahora y sin excusas, de lo que más necesita el mundo: la paz, la libertad y el amor que verdaderamente eres.

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