La felicidad es irracional. No tiene razón de ser, porque simplemente es.

La felicidad es el sabor de la realidad. De la realidad de lo que esencialmente eres en este instante.

Hay muchas razones para sufrir, pero ninguna para ser feliz. La felicidad es incausada.

La raíz del sufrimiento son todas las razones que hemos inventado para  olvidarnos de lo que somos en esencia. Es todo aquello a lo que le has atribuido lo que siempre ha sido parte de ti.

Cuando atribuyes tu felicidad al dinero, desarrollas apego, frustración e inseguridad hacia las cosas materiales.

Cuando atribuyes tu felicidad a otra persona, te vuelves posesiv@, dependiente y demandante.

Cuando atribuyes tu bienestar a la comida, entras en el circulo vicioso del sobrepeso y las dietas.

Cuando atribuyes tu felicidad al futuro, dejas de estar presente y la ansiedad te impide poder disfrutar de lo que sucede ahora.

Cuando atribuyes tu felicidad al pasado, vives el presente con tristeza, melancolía y añoranza.

Cuando atribuyes tu felicidad a tu pensamiento, inicias una batalla contra tu mente que no tiene ganadores.

Cuando atribuyes tu felicidad a tus emociones, dedicas tu tiempo a evaluarlas e  intentar corregirlas en vano, en lugar de vivir plenamente a cada instante.

Cuando atribuyes tu felicidad a quién puedes llegar a ser, te pierdes a ti mism@ persiguiendo un espejismo.

Cuando atribuyes tu felicidad al conocimiento y la información, piensas la vida en lugar de vivirla y sientes que siempre falta algo más por saber.

Cuando atribuyes tu felicidad a ser más espiritual, te olvidas de que la espiritualidad es simplemente el reconocimiento de lo que ya eres y siempre has sido.

La felicidad es tu derecho de nacimiento, pero has aprendido a crear conceptos,  causas y condiciones para separarte de algo que ha formado parte de ti desde el primer momento.

Tu felicidad es irracional. No necesita de razones para ser, porque simplemente es, simplemente eres.

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