Sin darte cuenta, has aceptado una hipótesis falsa acerca de la cuestión más importante: quién eres.

Una hipótesis central que sirve de base a todo un modelo del mundo. Todo un sistema de creencias que abarca tu visión de la vida, tus objetivos, tus deseos, tu trabajo, tus relaciones, tu salud, tus inquietudes, tus conocimientos, tu espiritualidad… Todo el sentido (o sinsentido) que tu experiencia de vida parece tener emana de la visión construida alrededor de este falso punto de partida.

Este sistema de creencias es el filtro a través del cual interpretas automáticamente la vida. Y así la interpretación (que ni siquiera reconoces como tal) se confirma inevitablemente a sí misma a través de lo que vives. Es un pez que se muerde la cola, una ilusión que se perpetúa a sí misma perfectamente… Excepto por la recurrente sensación de fondo de que algo no está bien. Lo puedes sentir como insatisfacción, vacío existencial, falta de sentido, frustración recurrente… O simplemente como la intuición de que hay algo que no encaja.

Pero como la hipótesis central no sale a la luz y nunca es realmente cuestionada, das por sentado que ese malestar de fondo es una señal de que hay algo que no está bien en ti. La realidad sin embargo es que el error no está en ti, sino en aquello que has dado por cierto acerca de ti.

La inseguridad, el miedo o la insatisfacción de fondo son solamente el reflejo de ese error. Lejos de ser enemigos, son de hecho todo lo contrario: una llamada a poner fin a esta farsa inocente que ya dura demasiado.

En cualquier momento, pues, puedes empezar a poner en duda esta hipótesis fundamental acerca de ti. Puedes examinar si realmente eres eso que siempre has asumido, o eres algo completamente distinto.

Considera que tu condición de ser separado, limitado y perecedero es solamente una ilusión aprendida.

Considera que estas palabras, así como tus pensamientos, tus sensaciones y todo lo demás, están siendo percibidos desde la perspectiva de la conciencia eterna y plena que eres.

Considera que eso que llamas “yo”, lo que realmente eres ahora, no comparte el destino y las limitaciones del cuerpo-mente.

¿Y si tu sensación de carencia no se debe a que te falte algo, sino al olvido que te lleva a vivir como alguien a quien le puede faltar algo?

¿Y si la sensación de que la paz que buscas está en el futuro es solamente un reflejo de que estás pasando por alto la paz ilimitada que ya eres ahora?

¿Y si tu intento de encontrar algo que te dé seguridad esconde en realidad tu deseo profundo de dejar de pretender ser un individuo frágil e inseguro?

¿Y si tu miedo a la vida se debe a que estás pasando por alto que eres la vida misma, que eres la esencia de todas las cosas?

Considera, en definitiva, que todos tus deseos han sido siempre en realidad pálidos reflejos de tu verdadero y único anhelo: dejar de buscar paz, plenitud y felicidad en el futuro y empezar a expresarte en el presente como la paz, plenitud y felicidad que eres.

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