La certeza y la confianza van de ti hacia lo que percibes, no al revés. Es tu saber el que te señala qué persona, información o concepto es confiable para ti a cada momento. 

“Me transmite confianza” es una expresión más de la mentira. Nadie ni nada puede transmitirte confianza, claridad o certezas. Todo eso son cualidades de tu saber natural, que ilumina todo lo que es. La luz que ves en otras personas, ideas o cualquier otra cosa que puedas percibir es tu propia luz.

Cuando buscas verdad y certezas a tu alrededor es como si el sol buscara ser iluminado por la luna.

Tu curiosidad, tu fascinación y tu creatividad son movimientos mediante los cuales te viertes al mundo y lo iluminas. Son movimientos que surgen de la absoluta plenitud de lo que eres. Su razón de ser no es la obtención de algo para remediar una necesidad imaginada. Tu ser, lo que ahora eres, desconoce la carencia.

La cuestión de si debes o no debes pedir consejo, hacer lo que alguien te sugiere o buscar información de cualquier tema que te importe es irrelevante. La verdadera cuestión es reconocer si estas posibilidades surgen como reflejo de tu plenitud, o por el contrario son un intento de remediar la inseguridad y la impotencia que aparecen cuando te olvidas de ti.

Desde la plenitud, el motor es la curiosidad y el deseo de exploración, sin ideas preestablecidas de lo que la verdad tiene que ser. La idea, la actividad o la información que alguien te proporcione serán relevantes en base a tu propia autoridad. Y por eso podrán ser descartadas o sustituidas en cualquier momento por algo que reconozcas como más cierto o más adecuado, sin miedo y sin sensación de pérdida. 

Desde el olvido, el motor son la carencia, el miedo y la necesidad de que los demás nos hagan sentir seguros. Al movernos desde ahí ponemos la autoridad y la fuente de nuestra tranquilidad en ideas, personas y objetos. Inevitablemente nos aferramos a ellos y vivimos con miedo a perderlos, puesto que hemos confundido la verdad con las creencias, las opiniones y las teorías.

El médico que presupone tu obediencia porque tú no tienes autoridad en la materia, el experto que te explica cómo deberías sentirte, o tu propio pensamiento buscando justificaciones para tratar de apoyar o negar tu intuición. Todo ello son expresiones de la misma mentira. Es decir, síntomas de que has perdido de vista la verdad del momento y tu propia autoridad esencial.

La verdad no viene empaquetada en títulos universitarios o profesionales, no surge de los conocimientos adquiridos ni de las experiencias de otros. Tú eres la verdad que sostiene todo lo que vives, todo lo que es. Solo de ti surgen las certezas relevantes para ti a cada instante.

Tu propio conocer, la inagotable fuente de saber que eres, se despliega en ti momento a momento en forma de intuiciones, certezas o intereses que necesitas cuando los necesitas. Eso es lo único que merece tu confianza.

Extraído de Traspasar la mentira, disponible gratuitamente aquí.

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