Considera el siguiente escenario: 

 


 

A – Me siento mal, siento que me falta X pero no sé por qué ni qué hacer.

 

Profesional B – Bueno, X parece ser el problema pero la causa real es la falta de Y, probablemente en relación con un problema más profundo de Z en su pasado.

 

El malestar y la inseguridad de A aumentan, pero tiene la esperanza de que B, capaz de identificar y definir claramente su problema, tendrá una solución.

 

A –  ¿Y qué puedo hacer?

 

Profesional B – No se preocupe, vamos a ir directamente a la raíz del problema con (insertar aquí método de desarrollo personal de moda o proceso de autoconocimiento preferido). 

 

A siente un alivio momentáneo, acompañado de una mayor convicción de que efectivamente hay algo en sí mism@ que no está del todo bien.  

 

Seguidamente A empieza a buscar su bienestar y felicidad donde nunca los va a encontrar. 

 


 

No sé tú, pero yo me he encontrado más veces de las que quisiera en la posición de A.

 

Y muchas más, de forma inocente como suele ser el caso, en la posición del profesional B.

 

Parece ser un escenario recurrente que todos vamos repitiendo en una o ambas posiciones hasta alcanzar un punto de claridad suficiente en el que somos capaces de cuestionarnos si este espiral de búsqueda y frustración nos va a llevar al destino prometido.

 

Y eso no quiere decir que los métodos terapéuticos y los procesos de desarrollo personal no sean necesarios. Todo lo contrario. Su verdadera utilidad, sin embargo, es llevarte hasta ese punto. 

 

El punto en el que te das cuenta de que por mucho que avances, la zanahoria siempre estará unos pasos más adelante. El punto en el que reconoces que al final ningún método te ha proporcionado realmente lo que prometía, pero que en su lugar te ha dado algo mucho más valioso: la necesidad de parar y cuestionar.

 

Cuestionar la búsqueda en sí misma y, sobre todo, la identidad del que busca.

 

No importan la formas que la zanahoria ha tomado, por que nunca fue eso lo que buscabas. Lo que en realidad has estado buscando es la verdad acerca de ti mism@. Y eso siempre ha estado contigo. Solo hace falta que pares, dejes en paz la zanahoria y empieces a explorar en otra dirección:

 

¿Es cierto que lo que eres en este instante no está completo? 
¿Es cierto que eres esa limitada idea de ti que inocentemente has construido y que necesita solucionar o conseguir X, Y o Z para estar bien?
¿Qué ocurre con el sufrimiento cuando la búsqueda de un estado mejor cesa?

 

 

 

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